Muéstrame, Señor el camino de tus leyes, y los seguiré puntualmente; Enséñame a cumplir tu voluntad, y a guardarla de todo corazón. (salmo 118, 33-34)
domingo, 15 de mayo de 2016
martes, 25 de agosto de 2015
miércoles, 22 de octubre de 2014
viernes, 18 de julio de 2014
San Arsenio
monje
Año 450
Arsenio significa: fuerte, valeroso, valiente.Cuando el emperador Teodosio, el Grande buscaba un buen profesor para sus dos hijos, el Papa San Dámaso le recomendó a Arsenio, que era un senador sumamente sabio y muy práctico en los consejos que sabia dar. Y así durante diez años tuvo que estarse en el palacio imperial tratando de educar a los dos hijos del emperador, Arcadio y Honorio. Pero se dio cuenta de que el uno era demasiado atrevido y el otro demasiado apocado, y desilusionado de ese fracaso como educador de los dos futuros emperadores dispuso dedicarse a otra labor que le fuera de mayor utilidad para su santificación y salvación.
Y estando un día orando, en medio de una gran crisis espiritual, mientras le pedía a Dios que le iluminara lo que debía hacer para santificarse, oyó una voz que le decía: "Apártese del trato con la gente, y váyase a la soledad". Entonces dispuso irse al desierto a orar y a hacer penitencia con los demás monjes de esa soledad.
Cuando llegó al monasterio del desierto, los monjes, sabiendo que había estado viviendo tanto tiempo como senador y como alto empleado del Palacio imperial, dispusieron ponerle algunas pruebas para saber si en verdad era apto para esa vida de humillación y mortificación. El superior lo recibió fríamente, y al llegar al comedor, no lo hizo sentar a la mesa sino que lo dejó de pie, junto a su mesa. Luego en vez de pasarle un plato de comida, le lanzó una tajada de pan al piso, y le dijo secamente: "Si quiere comer algo, recoja eso". Arsenio se inclinó humildemente, recogió la tajada de pan y se sentó en el suelo a comer. El superior, al observar este comportamiento admirable, lo consideró lo suficientemente humilde como para ser recibido como monje y lo aceptó en el monasterio, diciendo a los demás religiosos: "Este será un buen hermano".
Arsenio había pasado toda su vida en el alto gobierno y en lujosos palacios, tratando con gente de mundo, y conservaba algunas costumbres mundanas que los otros monjes no hallaban como corregírselas, porque le tenían mucho respeto. Entonces dispusieron irlo corrigiendo indirectamente, y poco a poco. Así por ejemplo, él acostumbraba montar la pierna, mientras estaba rezando en la capilla. Y los demás para quitarle la tal costumbre, le dijeron a un monje joven que mientras rezaban tuviera la pierna montada, y que ellos le llamarían la atención por eso. Y así lo hicieron, regañando fuertemente al joven por esa actitud. Arsenio entendió muy bien la lección y se corrigió.
San Arsenio se hizo famoso por sus penitencias extraordinarias. Un día llegó un alto empleado del imperio a llevarle un documento en el cual se le comunicaba que un senador riquísimo le dejaba en herencia todas sus grandes riquezas, y que se fuera a reclamarlas. El santo exclamó: "Antes de que él muriera en su cuerpo, yo morí en mis ambiciones y avaricias. No quiero riquezas mundanas que me impidan adquirir las riquezas del cielo". Y renunció a todo esto en favor de los pobres.
Con frecuencia pasaba toda la noche en oración. Los sábados al anochecer empezaba a rezar de rodillas con los brazos en cruz y permanecía así hasta que caía por el suelo desmayado. Tenía 40 años cuando abandonó el palacio imperial donde tenía todas las comodidades, para irse a un tremendo desierto, donde todo faltaba. Desde los 40 años hasta los 95 años estuvo orando, ayunando y haciendo penitencias en el desierto, por la conversión de los pecadores, la extensión de la religión y el perdón de sus propios pecados.
Como hombre de mundo y de política que había sido, sentía una gran inclinación a tratar con la gente y a charlar con los demás, y en cambio hacía todo lo posible por retirarse del trato con todos, y vivir en la más completa soledad. Cuando un día el superior le llamó la atención porque no se prestaba a quedarse a charlar con las numerosísimas personas que iban a consultarle, le respondió: "Dios sabe que los quiero con toda mi alma y que gozo inmensamente charlando con ellos, pero como penitencia tengo que abstenerme lo más posible de las charlatanerías. El Señor me ha dicho que si quiero santificarme tengo que hacer la mortificación de apartarme del trato con las gentes". En verdad que a cada persona la lleva Dios a la santidad por caminos diversos. A unos los hace santos haciendo que se dediquen totalmente a tratar con los demás para salvarlos, y a otros les ha pedido que con el sacrificio de no tratar tanto con la gente, le ganen también almas para el cielo.
Por muchos siglos han sido enormemente estimados los dichos o frases breves que San Arsenio acostumbraba decir a las gentes. Desde remotas tierras iban viajeros ansiosos de escuchar sus enseñanzas que eran cortas pero sumamente provechosas. Recordemos algunos de sus dichos:
"Muchas veces he tenido que arrepentirme de haber hablado. Pero nunca me he arrepentido de haber guardado silencio". "Siempre he sentido temor a presentarme al juicio de Dios, porque soy un pecador".
El religioso debe preguntarse frecuentemente: "¿Para qué abandoné el mundo y me hice religioso? y responderse: Me hice religioso porque quiero santificarme y salvar mi alma. Si esto no lo consigo, he perdido totalmente mi tiempo" (Esta frase ha conmovido a muchos santos. Por ej. San Bernardo la tenía escrita así en su habitación: "Bernardo: ¿a qué viniste a la vida religiosa? - Quiero salvar mi alma y santificarme").
San Arsenio pedía consejos espirituales a monjes que eran muchísimo más ignorantes que él. Le preguntaron por qué lo hacía y respondió: "Yo sé idiomas, literatura, filosofía y política, pero en lo espiritual soy un analfabeta. En cambio estos religiosos que no hicieron estudios especiales, son unos especialistas en espiritualidad y de ello saben mucho más que yo".
Un religioso le preguntó por qué los sabios del mundo que conocen tantas ciencas y han leído muchos libros son tan ignorantes en lo que se refiere a la santidad, y en cambio tanta gentecita ignorante progresa tan admirablemente en lo espiritual, y el santo respondió: "Es que la ciencia infla y llena de orgullo, y en un corazón orgulloso Dios no hace obras de arte en santidad. En cambio los humildes conocen su debilidad, su ignorancia, y su insuficiencia, y ponen toda su confianza en Dios, y en ellos sí hace prodigios de santificación Nuestro Señor".
Arsenio era muy conocido por su presencia venerable. Alto, flaco, bien parecido, con una barba larguísima y muy blanca, su hermosa figura descollaba majestuosamente entre los demás monjes. Y su santidad superaba a la de los demás compañeros. Las gentes lo veneraban inmesamente y sus consejos han sido apreciados por muchos siglos. Que Arsenio ruegue por nosotros y nos consiga una santidad como la suya.
De toda palabra indebida que diga una persona, tendrá que rendir cuentas el día del juicio. (Jesucristo, Mt. 12,36).
viernes, 23 de mayo de 2014
martes, 14 de enero de 2014
Vida eremitica
| Autor: Germán Sánchez Griese | Fuente: Catholic.net La Vida Eremítica | |||
| Hombres dedicados a la oración, a la contemplación y al sacrificio mediante sus obras de penitencia. | |||
|
lunes, 14 de octubre de 2013
| Autor: José Ma. Mardones | Fuente: mercaba.org Patologías de la sociedad consumista | |||
| Detrás del estímulo al consumo se juega un modelo de vida y de persona | |||
|
lunes, 17 de junio de 2013
La oración ha de salir de un corazón humilde
San Cipriano, obispo y mártir
Tratado sobre el Padrenuestro (Caps. 4-6: CSEL 3, 268-270)
Las palabras del que ora han de ser mesuradas y llenas de sosiego y respeto. Pensemos que estamos en la presencia de Dios. Debemos agradar a Dios con la actitud corporal y con la moderación de nuestra voz. Porque, así como es propio del falto de educación hablar a gritos, así, por el contrario, es propio del hombre respetuoso orar con un tono de voz moderado. El Señor, cuando nos adoctrina acerca de la oración, nos manda hacerla en secreto, en lugares escondidos y apartados, en nuestro mismo aposento, lo cual concuerda con nuestra fe, cuando nos enseña que Dios está presente en todas partes, que nos oye y nos ve a todos y que, con la plenitud de su majestad, penetra incluso los lugares más ocultos, tal como está escrito: ¿Soy yo Dios sólo de cerca, y no Dios de lejos? Porque uno se esconda en su escondrijo, ¿no lo voy a ver yo? ¿No lleno yo el cielo y la tierra? Y también: En todo lugar los ojos de Dios están vigilando a malos y buenos.
Y, cuando nos reunimos con los hermanos para celebrar los sagrados misterios, presididos por el sacerdote de Dios, no debemos olvidar este respeto y moderación ni ponernos a ventilar continuamente sin ton ni son nuestras peticiones, deshaciéndonos en un torrente de palabras, sino encomendarlas humildemente a Dios, ya que él escucha no las palabras, sino el corazón, ni hay que convencer a gritos a aquel que penetra nuestros pensamientos, como lo demuestran aquellas palabras suyas: ¿Por qué pensáis mal? Y en otro lugar: Así sabrán todas las Iglesias que yo soy el que escruta corazones y mentes.
De este modo oraba Ana, como leemos en el primer libro de Samuel, ya que ella no rogaba a Dios a gritos, sino de un modo silencioso y respetuoso, en lo escondido de su corazón. Su oración era oculta, pero manifiesta su fe; hablaba no con la boca, sino con el corazón, porque sabía que así el Señor la escuchaba, y, de este modo, consiguió lo que pedía, porque lo pedía con fe. Esto nos recuerda la Escritura, cuando dice: Hablaba para sí, y no se oía su voz, aunque movía los labios, y el Señor la escuchó. Leemos también en los salmos: Reflexionad en el silencio de vuestro lecho. Lo mismo nos sugiere y enseña el Espíritu Santo por boca de Jeremías, con aquellas palabras: Hay que adorarte en lo interior, Señor.
El que ora, hermanos muy amados, no debe ignorar cómo oraron el fariseo y el publicano en el templo. Este último, sin atreverse a levantar sus ojos al cielo, sin osar levantar sus manos, tanta era su humildad, se daba golpes de pecho y confesaba los pecados ocultos en su interior, implorando el auxilio de la divina misericordia, mientras que el fariseo oraba satisfecho de sí mismo; y fue justificado el publicano, porque, al orar, no puso la esperanza de la salvación en la convicción de su propia inocencia, ya que nadie es inocente, sino que oró confesando humildemente sus pecados, y aquel que perdona a los humildes escuchó su oración.
miércoles, 24 de abril de 2013
viernes, 8 de febrero de 2013
lunes, 10 de diciembre de 2012

RENUNCIAR AL MUNDO NO ES ABANDONARLO, SINO MAS BIEN ACTUAR BAJO PRINCIPIOS QUE HE LLEGADO A AMAR Y VALORAR Y A DEVOLVER A OTROS QUE AUN SUFREN, LA SERENIDAD QUE YO HE LLEGADO A CONOCER. CUANDO ESTOY VERDADERAMENTE DEDICADO A ESTE PROPÓSITO, IMPORTA POCO QUE ROPAS LLEVE O COMO ME GANE LA VIDA. MI TAREA ES LLEVAR EL MENSAJE Y GUIAR POR EL EJEMPLO, NO POR PROYECTO.
lunes, 12 de noviembre de 2012
martes, 18 de septiembre de 2012
DIOS DAME MODESTIA.
La modestia es la actitud tendente a moderar y templar las acciones externas. Es la cualidad de humilde, de falta de vanidad o de engreimiento. La persona modesta tiene la facilidad de encajar bien con las demás personas. A la gente le molesta la vanidad y la pedantería. Actuar con modestia no significa dejarse humillar, maltratar o dejar de luchar por sus derechos. Ser modesto es ser humilde y las personas más grandes del mundo son aquellas que actúan con mayor humildad. El mejor ejemplo de humildad lo encontramos en la vida de Jesús.
La modestia es una gran virtud, pues hace que la persona reste a sus propias virtudes y logros y reconozca sus defectos y errores. La modestia es una gran virtud, pues este solo valor refuerza tus principios, tu confianza en ti mismo, evitando tener que estar pagando payola para sentirte grande. La persona modesta sabe lo que es y como está tan seguro de si, permite que otros se destaquen en vez de monopolizar los espacios en su favor.
Los principios generales de la modestia promueven evitar la excesiva atención hacia uno mismo, evitando actuar con mayor egoísmo. Pero también la persona modesta sabe que cuando actúa con mayor modestia, tiene mayores oportunidades de ser admitido por el grupo social. Cuando la gente percibe tu humildad, tu poco interés en tomar partida, te abre las puertas, te sugiere y te apoya. El arma más efectiva para caerle bien a los demás es practicando el valor de la modestia.
Actuar con modestia en la mejor forma de ser atractivos a los demás. El prógimo se siente apoyado, te brinda confianza, comparte en camaradería con una persona modesta, mas se siente presionado y molesto con las personas egoístas, prepotentes y pedantes. Los modestos no hacen bultos. No le gusta cogerse el escenario para ellos. Le dan paso a los demás. Favorecen que otros se destaquen. No buscan triunfos pomposos. Prefieren el anonimato, el segundo plano para que otros sobresalgan y triunfen, se sientan bien, pues ellos tienen todo lo que desean, no necesitan nada de otros
jueves, 6 de septiembre de 2012
DIOS DAME PERSEVERANCIA
Virtud difícilLo difícil no es comenzar algo en la vida, sino continuar con constancia hasta el final. «El que persevera hasta el fin será salvo» (Mt. 10, 22). ¿De qué sirve empezar y no terminar, como el que empezó a construir la torre y la dejó a medias?¿Qué vale una vida de fervor y santidad si no se persevera en ella?
No debe tener en cuenta el cristiano, decía San Jerónimo, sus comienzos, sino su término. Lo importante no es empezar sino acabar bien. «Nadie, después de haber puesto la mano en el arado y que ponga la vista, es apto para el reino de Dios» (Lc 9, 62). San Bernardo escribe: «a los que empiezan se les promete el premio, pero no se da sino a los que terminan».
La perseverancia aquilata las virtudes
La perseverancia es la que da valor definitivo a las demás virtudes, pues la virtud más grande pierde todo su mérito si no va unida a la perseverancia. Por muy pequeña que sea una virtud, sólo por ir acompañada de la perseverancia ya vale mucho.
San Pablo dice: «¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos corren, pero uno solo alcanza el premio? Corred, pues, de modo que lo alcancéis» (1 Col. 9, 24). En Getsemaní ruega Jesús: «Padre mío, si es posible, posible pase de Mí este cáliz; pero, no se haga como yo quiero, sino como quieres Tú» (Mt. 26, 39). La gracia de la perseverancia es la gracia de las gracias que debemos pedir sin cesar para no desmayar.
lunes, 27 de agosto de 2012
DIOS DAME PACIENCIA
Tan excelente es la paciencia que no sólo sigue a la fe sino que aún la precede (Gén., XV). En efecto, creyó Abraham a Dios, y Éste lo reputó por justo. Pero la paciencia probó su fe cuando le ordenó la inmolación de su hijo. Yo diría que no se probó su fe, sino que se lo destacó para modelo, porque bien conocía Dios a quien había aprobado por justo. Y no sólo escuchó pacientemente tan grave mandato, cuya realización hubiera desagradado al Señor, sino que lo hubiera ejecutado si Dios lo hubiese querido. ¡Con razón bienaventurado, porque fue fiel; con razón fiel, porque fue paciente! De este modo cuando la fe -gracias a una paciencia divina fue sembrada entre los pueblos por Cristo, descendiente de Abraham- colocó la gracia sobre la ley; para ampliar y cumplir la ley antepuso la paciencia como auxiliar, pues sólo ella era lo que faltaba a la enseñanza de la anterior justicia (Gál., III).
En efecto, antes se exigía "diente por diente y ojo por ojo", se daba mal por mal (Éxod., XXI, 23-25 y Deut., XIX, 21), porque aún no había llegado a la tierra la paciencia, porque tampoco había llegado la fe. Entonces la impaciencia se gozaba de todas las oportunidades que le ofrecía la misma ley. Así acontecía antes que el Señor y Maestro de la paciencia, hubiese venido. Pero cuando hubo llegado, la paciencia unió la gracia a la fe; entonces ya no fue lícito herir ni siquiera con una palabra, ni tampoco tratar de fatuo sin correr el riesgo de ser juzgado 11. Vedada pues la ira, calmados los ánimos, dominado el atrevimiento de la mano, vaciado el veneno de la lengua, la ley consiguió mucho más que lo que perdía, conforme a las palabras de Cristo que dice: "Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen y orad por vuestros perseguidores para que podáis ser hijos del Padre Celestial" (Mt, V, 44). ¡Observa qué padre nos consiguió la paciencia! Por este capital precepto queda sancionada la universal doctrina de la paciencia, pues ni siquiera se permite tratar mal a los mismos que lo merecen.
En efecto, antes se exigía "diente por diente y ojo por ojo", se daba mal por mal (Éxod., XXI, 23-25 y Deut., XIX, 21), porque aún no había llegado a la tierra la paciencia, porque tampoco había llegado la fe. Entonces la impaciencia se gozaba de todas las oportunidades que le ofrecía la misma ley. Así acontecía antes que el Señor y Maestro de la paciencia, hubiese venido. Pero cuando hubo llegado, la paciencia unió la gracia a la fe; entonces ya no fue lícito herir ni siquiera con una palabra, ni tampoco tratar de fatuo sin correr el riesgo de ser juzgado 11. Vedada pues la ira, calmados los ánimos, dominado el atrevimiento de la mano, vaciado el veneno de la lengua, la ley consiguió mucho más que lo que perdía, conforme a las palabras de Cristo que dice: "Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen y orad por vuestros perseguidores para que podáis ser hijos del Padre Celestial" (Mt, V, 44). ¡Observa qué padre nos consiguió la paciencia! Por este capital precepto queda sancionada la universal doctrina de la paciencia, pues ni siquiera se permite tratar mal a los mismos que lo merecen.
viernes, 15 de junio de 2012
lunes, 28 de mayo de 2012
miércoles, 9 de mayo de 2012
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


